Escepticismo

He estado buscando a Dios, pidiendo misericordia sobre mi familia y pues es interesante como esperamos que Él se mueva a nuestro favor sin que nosotros tengamos que sacrificar algo.

Cierto, el sacrificio supremo lo hizo Jesucristo en la cruz del Calvario y por medio de ese sacrificio nosotros tenemos acceso a la salvación de nuestras almas sin necesidad de obra alguna de nuestra parte, tan sólo fe. Es por fe, no por obras para que nadie se glorie. La inscripción de nuestro nombre al libro de la vida es 100% por fe, ninguna de nuestras obras, por gloriosa que sea, es aceptada como pago para inscribirnos en dicho libro. Tan sólo la sangre de Cristo Jesús puede interceder en ese momento para que nuestro nombre sea escrito. Ni siquiera llegamos al altar sin el trabajo del Espíritu Santo, es Él quien nos capacita para humillarnos y acercarnos a la cruz.
Sin embargo, después de ese glorioso momento, empieza un trabajo en equipo. Si queremos ver victorias, tenemos que coparticipar con Dios. El ayuno es una de las estrategias favoritas de Dios para limpiarnos y para derrotar al enemigo de nuestras almas. De alguna forma, cuando ayunamos, nuestro espíritu se vuelve más sensible a la voz de Dios y podemos discernir estrategias que nos permiten entrar a lugares de victoria. Jesús dijo “Cuando ayunen…” no dijo “Si algún día se animan a ayunar…” Dios espera que ayunemos, tanto como participar de la Santa Cena, orar y leer la Biblia. Estas son los canales que Él ha establecido para que tengamos comunión con Él.
Muchos de los milagros que anhelamos son estobados porque no tenemos comunión con Dios, por lo tanto no tenemos acceso a las estratégias que Él quiere darnos para librar las batallas de la vida aquí en la tierra. Cuando entendemos esto, nos es más fácil poner en prioridad nuestra comunión con Cristo.
Por gracia (poder divino en acción) he empezado está busqueda de Dios porque anhelo que mis hijos se acerquen a Él. Su respuesta me ha conmovido profundamente ya que me ha mostrado que la razón por la cual mis hijos han caído en escepticismo y confusión espiritual va muy ligado de la mano con la crítica que hemos hecho como familia a la iglesia.
Es cierto, hay momentos en que Dios levanta profetas para confrontar el pecado en las congregaciones, y tengo la certeza de que mis padres tenían ese llamado. Sin embargo, en muchas ocasiones se habló fuera de la dirección del Espíritu Santo y con amargura en el corazón. Esto es pecado. Demasiadas veces, en casa, se criticó lo que pasaba en una congregación sin discernir si ello era dirigido o no por el Espíritu Santo, simplemente lo veíamos raro y lo juzgamos en nuestro entendimiento carente.
Grave error. La Biblia dice que el único pecado que no se perdona es la blasfemia en contra del Espíritu Santo, eso nos debe indicar algo, nos debe de alertar a caminar con cuidado en torno al Espíritu de Dios. Digo, Jesús perdona la blasfemia en su propia contra, pero no encontra del Espíritu Santo… eso nos debe llevar a una humildad de “Cierto, yo no soy Dios, no entiendo ni una pizca de todo lo que pasa en lo espiritual y más vale que no me levante en soberbia, por tanto, ni siquiera me voy a animar a juzgar a la ligera lo que ocurre en las congregaciones.”
Me refiero a la alabanza, los dones espirituales como profecía y don de lenguas, liberaciones, risa santa. Estas y otras manifestaciones espirituales pueden sacar de onda a aquellos que no las han visto antes, o no las entienden, pero debemos ser muy cautelosos antes de criticar. Es mucho mejor guardar silencio, ayunar, buscar esa comunión con Dios y una vez teniendo respuesta decidir si lo vamos a confrontar o si mejor buscamos nadar en esas aguas. Me parecería muy raro recibir un “Sí, es mi Espíritu moviéndose allí.” y que digamos, “Ah, que bueno, pues que le sigan sin mí.”  Es posible, pero…¿por qué haríamos algo así?
He aquí el desafió de encontrar la verdad: se espera que actuemos conforme a ella. Si al buscar a Dios, recibo un “Esto no es mío.” lo más seguro es que Dios espere que vayamos a confrontar a ese pastor, o congregación. ¡Agg! O por lo menos que empecemos a orar pidiendo que Dios intervenga, y de allí, obedecer lo que Dios nos vaya pidiendo. Por otro lado, si es un mover de Dios, minimo nos queda respetar ese mover. No criticarlo a la ligera, porque estamos criticando el trabajo del Espíritu Santo. No estamos blasfemando en contra del Espíritu Santo, pero aun así me parece terreno peligroso ¿me captan?
Y es tan real esto, o sea realmente es una afrenta tremenda a Dios, de manera que Dios permite que demonios de incredulidad y esceptisismo empiecen a moverse en medio de nuestras familias y congregaciones. ¿El resultado? Cientos de jóvenes cristianos están caminando lejos de Cristo y buscando llenar su espíritu en otras religiones o actividades espirituales que son afrenta directa al Padre Celestial.
¡Qué fuerte! ¿No crees que Dios entregaría a nuestros hijos al enemigo? Toma tiempo para leer el libro de Jeremías. Allí Dios nos dice claramente que entregará a nuestros jóvenes y doncellas al enemigo, porque Dios mismo se convierte en nuestro enemigo cuando nos aferramos al pecado.
¡Qué doloroso ver como Dios nos permite caer en incredulidad! ¡Qué terror tan grande! Si entendemos que la incredulidad es la raíz de todos los otros pecados, nos estremecemos al ir “conectando los puntos” y ver lo que nuestra actitud soberbia, desde la cual hemos criticado tan a la ligera a cientos de pastores y congregaciones, nos da como cosecha.
Jesús dijo “ve y no peques mas no sea que algo peor te suceda.” Eso mismo puede decirse así “ve y deja de ser incrédulo, no sea que algo peor te acontesca.” La incredulidad nos lleva a caminar a ciegas, lejos de Dios, lejos de su consejo, lejos de la Biblia que es lámpara a nuestros pies…logicamente vamos a tropezar, vamos a terminar en pantános o perdidos en alguna gruta, con laberintos por todas partes sin encontrar la salida.
¿Cómo podemos rescatar nuestra fe y cultivarla para que nuestra cosecha sea diferente: Caminos con luz que lleven a verdes pastos, a huertos con frutos deliciosos?
Para empezar debemos tomar tiempo para pedir perdon a Dios por las veces incontables en que hemos criticado sin discernimiento, humillarnos ante Él y pedirle que en su infinita misericordia nos rescate a nosotros y a nuestros hijos de la increduliad, del escepticismo y de toda la confusion que conlleva.
Que Dios sea Dios en nuestra vida.
con amor,
Beatriz
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